
Cuando somos chicos y empezamos a practicar un deporte, sólo lo hacemos con el objetivo de divertirnos y porque no gusta.
Con el paso del tiempo, a medida que crecemos, el deporte empieza a demandarnos más a nosotros y nosotros al deporte. Ya no tenemos como objetivo sólo pasarla bien, sino que se suma el querer ganar.
Para eso es necesario que cada día nos comprometamos un poco más con el deporte y el tiempo que nos demanda es aún mayor.
Hoy alguno de los deportes que siempre fueron amateur se convirtieron en profesionales y perdieron mucho de ese sentimiento que aún (afortunadamente) poseen los que continúan practicando un deporte amateur. El sentimiento al que me refiero es el que se corresponde con ese objetivo que tenemos desde chicos…el de divertirnos y pasarla bien.
La vida siempre me demostró que en cuanto entra en juego el dinero, los deportes pierden esa “inocencia” y “diversión” que hacen de los deportes un hobbie.
Los que realizamos deportes amateurs tenemos que combinar nuestras obligaciones diarias con el deporte, tratando de cumplir con todas por igual pero siempre en algún momento las cosas se complican y ahí es cuando uno debe decidir qué hacer. En ese momento es cuando la pasión que uno siente por el deporte le gana a la razón y terminamos haciendo lo imposible para continuar.
En esas situaciones el espíritu del deportista amateur es más fuerte que todo y, aunque no tengamos ninguna retribución económica, lo hace con las ganas y la fuerza con que encaramos las personas todo los que nos apasiona.
¡Que lindo que hacer el deporte sólo porque nos divierte y nos gusta!